El Bananal: El refugio histórico del rock que se instala definitivamente en la noche sancarlina

Desde aquel galpón familiar que albergó los primeros acordes en el 2001 hasta la gran inauguración oficial este 14 de marzo, los hermanos Volken transforman un «nicho» de amigos en el nuevo faro cultural de la ciudad.

En San Carlos Centro, hay un lugar donde las paredes de más de cien años parecen vibrar con una frecuencia distinta. Lo que alguna vez fue una fábrica de mosaicos y refugio de viajeros de tren, hoy se prepara para abrir sus puertas de par en par. El Bananal ya no es un secreto a voces entre músicos; es una realidad que llega para saldar una deuda con la movida cultural de la región.

De la «Psicosis» adolescente a la habilitación municipal

La historia se remonta a la crisis del 2001. En el galpón de la casa de los padres de los Volken, una banda llamada Psicosis —integrada por Walter Volken, Santiago Periotti y Mariano Zottarelel— buscaba un lugar para debutar. «Nunca fue con fines artísticos, siempre sociales», recuerda Matías Volken. Sin embargo, ese primer show «activó» algo que no se detendría por más de dos décadas.

Durante años, El Bananal funcionó como un espacio de culto, un ámbito privado donde casi todas las bandas locales dieron sus primeros pasos. Pero el hermetismo tenía un límite: «Siempre nos enterábamos de gente que decía ‘yo siempre quise ir y nunca me enteré'». Ese fue el detonante. La decisión de «abrir el juego» y profesionalizar el espacio llevó a los hermanos Matías, Walter y Virgi Volken a emprender una reforma épica a pulmón.

ADN de barrio y autogestión

Si hubiera que definir la esencia de este espacio en tres palabras, sus dueños no dudan: Comunión, música y noche. El nombre, casi un accidente geográfico por los bananos que rodeaban la puerta, hoy es sinónimo de calidez.

«El que cruza la puerta se encuentra con una familia. Nos saludamos con un abrazo, algo que no pasa en todos lados. Es un ambiente popular, familiero y cargado de energía artística», explica Matías.

La transformación física fue el mayor desafío. Utilizando materiales reciclados y donaciones de la comunidad, el equipo construyó baños, un nuevo escenario y paneles acústicos. Todo hecho por ellos mismos, en un contexto económico difícil, pero con la convicción de que San Carlos necesitaba un «albergue» para el arte.

Una agenda sin etiquetas

Aunque el rock es el pulso dominante, El Bananal se resiste a las etiquetas. Por sus tablas han pasado desde jazz y folklore hasta candombe. Para los fundadores, el objetivo es llenar el vacío de espacios que apuesten por la música en vivo en la zona, funcionando no solo como bar, sino como un centro cultural donde nacen nuevos proyectos.

Al pensar en el futuro, los sueños tienen tonada santafesina. «Me encantaría ver a referentes como Tavo Angelini, Cruda o el Negro González sobre nuestro escenario», confiesa Matías, aunque no descarta que, en un futuro, la esencia de El Bananal crezca hacia un festival anual de mayor escala.

La gran cita: 14 de marzo

La cuenta regresiva termina este próximo 14 de marzo. La inauguración oficial promete «tirar la casa por la ventana» con una propuesta ambiciosa y poco frecuente: seis bandas en vivo con entrada gratuita.

«Es una apuesta valiente, un gustito que le queremos dar a la sociedad de San Carlos y la zona», afirman desde la organización. Con tragos a precios populares y la comodidad garantizada para público y artistas, El Bananal se prepara para escribir un nuevo capítulo en la historia de la nocturnidad regional.


Inauguración oficial de «El Bananal».

  • Cuándo: 14 de marzo.
  • Propuesta: 6 bandas en vivo
  • Entrada: Libre y gratuita.